ENRIQUE SUÁREZ FIGAREDO EN LOS ALMUERZOS CON DON QUIJOTE

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El investigador catalán es uno de los mejores especialistas en el Quijote cervantino y en el de Avellaneda, obra que conoce a la perfección y de la que ha identificado a su autor mediante un procedimiento de análisis lingüístico diseñado ad hoc 

Es un reputado conocedor de la literatura del Siglo de Oro español, ha sido colaborador en el Quijote del Instituto Cervantes, última edición, coordinada por Francisco Rico 

Alcázar de San Juan 10-04-16.- El sábado 9 de abril el investigador catalán Enrique Suárez Figaredo nos honró con su presencia  participando en la actividad “Los Almuerzos con don Quijote” que organiza la Sociedad Cervantina, en los que una persona relevante nos visita y cuenta su relación con la principal obra de Cervantes, alrededor de una mesa y siempre degustando platos típicos manchegos.

edicion Quijote Rico 2015Enrique Suárez Figaredo es ingeniero eléctrico, ya prejubilado. Su investigación sobre el Quijote empezó hace unos quince años, cuando comprobó que el texto del ejemplar que leía en casa discrepaba ocasionalmente del que le acompañaba en sus viajes. Hombre inquieto, se interesó por el asunto, y empezó a hacer acúmulo de documentación, a consultar ediciones, antiguas y modernas, a contactar con quijotistas del mundo, a leer toda la producción cervantina y a otros autores del Siglo de Oro y, finalmente, a dedicar cinco intensos años a su propia edición del Quijote con miles de notas particulares a la obra.

En cuanto al llamado Quijote de Avellaneda, o Quijote apócrifo, este investigador literario (hombre de ciencias al fin), detectó y cuantificó las construcciones lingüísticas inusuales que Avellaneda empleaba, así como las que usaba de forma muy repetitiva. La comparativa con muchos autores del Siglo de Oro ha determinado con muy alto grado de probabilidad que fue Cristóbal Suárez de Figueroa  el escritor que se escondió tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda.

No hay que olvidar que Suárez Figaredo demostró que los ejemplares del Quijote de Avellaneda editados en 1614 y conservados en las Bibliotecas se corresponden a dos ediciones distintas y no a una sola, como hasta entonces se creía. El hallazgo supone un éxito editorial que siempre se le había negado a Avellaneda.

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Esta obra (de la que él opina que está muy bien andamiada, que está escrita por una persona muy culta y que además está realizada de un tirón -su autor la escribió seguida desde el principio hasta el final-) que como sabemos, fue el motivo que provocó que Cervantes terminase de escribir de forma inmediata su segunda parte del Quijote para tratar de eclipsar el éxito que también obtuvo la obra de Avellaneda en su corta vida editorial.

Igualmente conviene resaltar la participación de Enrique Suárez Figaredo como ponente, el pasado 7 de mayo de 2015 en una mesa redonda en la Biblioteca Nacional, titulada “El Quijote de Avellaneda: Avatares y enigmas textuales”, junto a tres catedráticos: Luis Gómez Canseco (Universidad de Huelva), Milagros Rodríguez Cáceres (Universidad de Castilla-La Mancha) y Felipe B. Pedraza Jiménez (Universidad de Castilla-La Mancha). El coloquio está disponible en Internet:

https://youtu.be/PdQp4qIorz8

Para atendernos, Enrique Suárez Figaredo hizo un viaje de mil trescientos kilómetros (sin “ayuda de costa”, como él dice) y dedicó una jornada completa a la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote girando una visita a la Casa Museo del Hidalgo acompañado por miembros de la Sociedad.

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El investigador nos dedicó una clase magistral a lo largo de sus 9 horas de charla (que se pasaron en un soplo) en la que se declaró abiertamente quijotista, más que cervantista, porque piensa que, sin menospreciar el resto de la obra de Miguel de Cervantes, el Quijote es una obra maestra que raya a una altura inalcanzable, culmen de su creatividad y que no admite parangón con el resto de su obra. No menos interesantes fueron sus comentarios sobre el negocio editorial en aquellos tiempos y las malas prácticas de las imprentas y mercaderes de libros.

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Y como no hay bien que por mal no venga, ejerciendo de magister, no dejó de poner “deberes” a los asociados alcazareños y les propuso y animó a que realizasen su propia edición del Quijote, una tarea ardua pero casi obligada, pues requiere “abismarse” (dice él) en los entresijos de la genial obra de Cervantes y pasar de lector entusiasta a lector crítico y verdaderamente experto (como a él le sucedió).

La Sociedad agradeció su presencia y asumió el reto de poner en marcha una edición propia de la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote, que no será una tarea fácil pero que siempre será mucho más llevadera contando con su inestimable ayuda.

Por su desinteresada colaboración con la Sociedad, la Junta Directiva ha propuesto nombrarlo Socio de Honor.

 

Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote

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